Un buen cacho de mi alumnado ya me ha escuchado quejarme no sólo por la difícil interpretación que encierra la Luna en Sagitario, sino también por las dinámicas emocionales y materiales que implica. Con el objetivo de defender mi caso, me va a tocar explicar un poco de Astrología primero.
Peregrinaje
Para la lectura de una carta, o de los tránsitos que la afectan, a menudo empleamos una cuenta de valores que se determina según la posición de planetas y otros puntos celestes en el reloj astral. Estos valores varían dependiendo de la escuela o método astrológicos, de las observaciones y experiencias de cada profesional e incluso de su especialidad, ya que muchas astrólogas eligen qué nicho explorar en su carrera, nichos tales como Astrología médica, jurídica, predictiva o psicoanalítica, entre otras. A este recuento lo conocemos como cálculo de dignidades o de astrodinas.
Cuando se dice que un planeta está “peregrino”, es que no se encuentra en ninguno de los signos en los que es debilitado (caída o exilio) o reforzado (exaltación o domicilio). A la hora de juzgar la presencia y la entereza de las fuerzas planetarias, en principio, los planetas peregrinos no añaden ni restan al cálculo de dignidades; aún así, otres preferimos observar cada caso más detenidamente.
La Luna, que es madre y creadora de hogar –no supeditada al hogar, sino generadora del mismo– exalta en Tauro y tiene su domicilio en Cáncer; más interesante aún que todo esto es que la Luna cae en Escorpio y es exiliada en Capricornio, ambos signos potentes para Marte que es divinidad de la acción directa, pero también de la agresión y el rechazo activo: Dos movimientos poco favorables en una casa familiar. En el ciclo astrológico, Escorpio y Capricornio flanquean a Sagitario.
Situación estelar de la Luna en Sagitario
La Luna según la Alquimia es, por sí sola, fría y húmeda. Sagitario es un signo de fuego –cálido y seco. Sus cualidades elementales son opuestas y bueno, por ello la Luna no suele estar muy en su salsa cuando “peregrina” en un signo de fuego. Una Luna de fuego no es especialmente nutricia por esta razón.
Otra cosa a tener en cuenta es que la Luna es un astro de distancias cortas y rige todo lo material: En Sagitario no sólo está en uno de los signos del segundo hemiciclo –los signos que van de Libra a Piscis–, considerados transpersonales y, por tanto más allá de lo inmediatamente próximo; es que además Sagitario es el signo que aspira a llegar lo más lejos posible, pensando a futuro y dedicándose a salir de casa –esta última gobernada siempre por la mismísima Luna–. Sagitario es el signo de la aventura, los viajes largos y la exploración de lo desconocido con la única luz de la esperanza o la fe. La Luna no se lía con esas aspiraciones volátiles, tiene su casa y le funciona, pues ella guarda el místico secreto que es alimentado por la gratitud de lo que ya se tiene; por tanto, este rollo profético deja a la Luna sin asideros.
Júpiter, el planeta regente de Sagitario y de Piscis, exalta en el domicilio de la Luna, en Cáncer, pues Júpiter aspira siempre a crecer y crecer sin parar, pero la Luna es capaz de alimentarlo y de que encuentre sus sacrosantas inquietudes dentro del monasterio, en la huerta de cada mañana, en el almuerzo del mediodía y en el sueño de cada noche. Al revés, empero, la Luna debe continuar su viaje, lejos de toda rutina y hambrienta de ambiciones no correspondidas y otras abstracciones. De hecho, se dice que la Luna está en ‘tristeza’ –lugar en el que un astro desempeña peor su trabajo– cuando se encuentra en la casa IX, manifestación cotidiana de Sagitario, que incluye la filosofía, los estudios superiores, los valores morales, los viajes largos y la aspiración espiritual.
Mirando además el ciclo entero, nos encontramos con otro problema contextual del que advertí más arriba: La Luna acaba de salir de su caída y punto de mayor dolor (Escorpio) y se dirige a su exilio y lugar de mayor escasez y dureza (Capricornio). Para la Luna, pues, Sagitario es la vasta llanura entre una enorme poza de lodo y un invierno desalentador.
Es por estos motivos que no me sale considerar una Luna en Sagitario como peregrina. No puede estar más lejos de todo santuario que la contenga. La Luna en Sagitario es una Luna erradiza.
Características favorables de la Luna en Sagitario –así nos las quitamos de en medio
No me pesa escribir sobre Astrología bajonera (sic) porque los autores clásicos que estudio no se andaban con miramientos, lo que me ha servido para destapar toda la jerga inconclusa que hoy plaga la Astrología moderna. Por eso mismo quisiera señalar lo mejor de esta Luna antes de ponerme con… todo lo demás.
Por supuesto, una Luna que va a una larguísima caminata no sale de casa sin haberse preparado lo mejor posible. Las Lunas en Sagitario dan personas muy resilientes y nómadas por naturaleza, capaces de ver lo que hay al otro lado del más penoso de los caminos –por supuesto que han aprendido de su previo paso por Escorpio. Después de abandonar el Infierno, la Luna sólo piensa buenos deseos y agradece al cielo la suerte de no haber varado en pez. No reconoceré a la Luna en Sagitario como “peregrina” en términos astrológicos, pero sin duda ha nacido para el peregrinaje real.
Inspira asombro e incluso envidia el aguante de una Luna que ha alcanzado la luz al final del túnel, no lo niego, porque parte del ánimo lunar se compone de melancolía, miedo y nostalgia; no en vano, su domicilio Cáncer rige el patriotismo y el paternalismo más rígidos. Por esto, la Luna en Sagitario dona a madres y padres mucha fuerza y optimismo ante el reto de la crianza.
Las personas con Luna en Sagitario confían también en sus amistades, incluso en las más recientes. Igual que hallarían resguardo suficiente en el más descubierto abrigo de la montaña, en cualquier persona encuentran alguna maravilla y valoran un ratito de compañía y conversación que les recuerde que el mundo siempre fue grande y complejo.
… Todo lo demás
No debe sorprendernos que la condena múltiple de una Luna en Sagitario se parezca tanto a sus mismas ventajas.
La Luna en Sagitario es, claro está, abstracta con la articulación y la experiencia de sus propias emociones. Se le va la vida en justificarse por qué se sienten como se sienten, filosofan con sus vivencias y se alejan de ellas a medida que no cesan su esfuerzo en añadirle anotaciones didácticas a sus mayores heridas. Relativista hasta la autolesión, tampoco puede contener este elevado código para sí mismo, sino que se le escapa a menudo juzgar los duelos ajenos como si encarnara al mejor de los ascetas. No me olvido de que esto también pasa con el Sol en Sagitario, pero en la Luna gana un carácter menos heroico, más resignado, que se desciende fácilmente al desencanto y la indolencia. Ben Ragel afirma que el monarca con Luna en Sagitario es “[…] muy necio, no piensa de ninguna cosa ni entiende su bien ni su mal ni tiene cuidado de su reino ni de su pueblo.”
Se les cae un castillo de naipes y, de inmediato, donde el resto de las mortales se pregunta “¿Por qué?”, la Luna en Sagitario podría redactar una disertación titulada “¿Por qué a mí?” por cada herida abierta con la que carga. Igual que al Sol en Sagitario, a la Luna le chifla el cuento de que “somos una mera mota de polvo en el Universo” y que “todos nuestros problemas se ven pequeños al lado de la grandeza del mundo”, aunque nunca vayan a tener ni los ojos ni los sentidos para vivir nada similar. Así, circunvalan la catástrofe y a sus responsables como quien recorre un museo de sus propias tragedias.
Con los quijotescos valores que sostienen las Lunas en Sagitario, cualquiera diría que concursan en una competición a ver quién es la siguiente que le guarda las llaves a San Pedro. Eso sí, un traspiés vital les convierte al momento a la doctrina del Apocalipsis. Las Lunas en Escorpio, Sagitario y Capricornio son las que llevan esperando más tiempo que todos nosotros el dichoso meteorito que, según ellas, solventaría todos los problemas, en lugar de asumir que todos los miedos esperan a la vuelta de la esquina. De estas tres Lunas, la de Sagitario sustenta el primer puesto como la menos paciente de ellas. La Luna en Sagitario fantasea en su silencio de cilicio bien apretao (sic) con un futuro en el que su optimismo se refleja en la realidad tal cual ella lo piensa. William Lilly sabe lo que dice cuando habla de esta Luna: “[…] El carácter es abierto, agradable y generoso, pero algo irreflexivo y apasionado, aún a pesar de ser extremadamente indulgente. […]”
Otro rasgo a considerar de las luminarias (Sol y Luna) en Sagitario es su sensibilidad a la conspiración, heredada de Escorpio. Las dos luminarias en Sagitario temen por su integridad física y mental más que Virgo y de manera más infundada, pues son dados más a la inspiración que a la investigación.
Remediación
Por suerte, nada en Astrología es inevitable –excepto tal vez las duras imposiciones de los nodos lunares, pero no nos ocupa este asunto hoy. Aquí dejo algunas recomendaciones para compensar las dolencias de esta Luna, por su bien y por el de todes nosotres:
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Atender más a lo
que sucede en el momento. La Luna en Sagitario es la segunda Luna que
tira más de memoria para juzgar sus relaciones y sus condiciones de
vida, después de la lastimera Luna en Piscis. Hay que tirar más de
Mercurio y la experiencia directa para engordar ese registro de
mejores y más variados recuerdos.
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Hacer más caso a
las tripas. No todo evento ni actitud ocultan una explicación que
les insufla sentido, por mucho vértigo que pudiera traer admitírselo
una misma.
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Llevar algún
amuleto de la Luna hecho de plata o acero, o un trozo de espejo. Es
buena manera de mantener a la Luna fuerte y cerca de ti, reforzando
su protección.
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Beber más agua.
Os he visto beber a las Lunas de fuego y en general no probáis un
sorbo de agua. Se os va a freír la pepita.
- Dormir lo justo. Ni más ni menos. Cuando os da por la siesta larga o dormís poco, se potencia esa sensación de no vivir en este planeta y vuestra capacidad para relativizar todo os deja con el culo al aire.
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Pasear mucho, más bien muchísimo. La sanación y el
descubrimiento que inspira el peregrinaje se emula paseando sin
muchas distracciones
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Aprender de las
Lunas en Géminis. Ni qué decir tiene que la Luna siempre encuentra
su mejor bálsamo en su Luna opuesta. La Luna en Géminis peca de
racionalizar sus movidas, pero al menos se mantiene sincera con ellas
y contrasta la realidad emocional y afectiva que vive con las de
otras personas.
Ea, pues ánimo y no rayarce (sic).